Problemas intrascendentes

Andrés Felipe Espinosa - 23/08/2020

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Llevaba poco más de diez minutos mirando por la ventana, o eso le pareció, buscando sin éxito, algo con qué comparar las nubes que veía en el pedazo de cielo azul que era visible desde su puesto. Los copos de nubes altas se repartían con cierto orden formando, casi, una cuadrícula en el cielo. Ahora solo pensaba en el tiempo, no tenía ningún tipo de referencia para saber cuánto había pasado, no había mirado el reloj en algún momento cercano antes de voltear hacia la ventana, y no recordaba que canción sonaba en el auricular de su oído derecho ni cuántas habían pasado mientras pensaba. Dos nuevos problemas sin solución. Dos más para sumar a la cantidad de problemas intrascendentes y sin solución que se sucedían segundo a segundo en el mundo.

Ander estudiaba sin pasión en una universidad de las muchas que se repetían en todas las ciudades del mundo. Estudiaba en uno de tantos programas educativos cuidadosamente preparados para cubrir un perfil laboral preparado por la Junta Mundial, un perfil que encajaba con el de Ander en un 86%, apenas un punto por encima del mínimo necesario para ser aceptado, asegurando que, con el tiempo y la experiencia, desarrolle las habilidades necesarias para ir escalando en su predefinida vida profesional.

Había tenido que conformarse con el 86% porque no había puestos disponibles para perfiles que encajaran mejor con el suyo. En la sociedad global de Ander, se tenían sistematizados cada uno de los cargos necesarios para operar todas las empresas del mundo; se sabía a la perfección cuáles eran las habilidades y conocimientos necesarios para que una persona, por ejemplo Ander, pudiera llevar a cabo con la máxima eficiencia posible un cargo determinado, digamos Analista en la empresa A, se conocían además, debido a conocer su perfil, cuáles eran las habilidades y conocimientos que Ander desarrollaría gracias a la experiencia obtenida por desempeñar ese cargo durante un tiempo predefinido, digamos 2 años y 4 meses, el tiempo justo para que los nuevos conocimiento y habilidades no hagan disminuir el índice de eficiencia del cargo, por debajo del 80% debido a la sobrecualificación (tener más conocimientos y habilidades de los necesarios para el cargo), por lo que en la sociedad de Ander, era posible inferir, con una certidumbre mayor al 97%, cuál debería ser el siguiente puesto de Ander para seguir manteniendo alto el índice mundial de eficiencia: Ejecutivo de cuenta en la empresa B.

De esta forma, se conocían, a grandes rasgos, cuáles serían los cargos que ocuparía Ander durante los 72 años que duraría su vida laboral, luego de escoger su programa educativo, de la misma forma que lo sabían los cientos de millones de estudiantes universitarios en todo el mundo, y se decía que pronto sería posible definir el programa educativo al terminar la primaria, con lo que podría aumentarse unos cuantos puntos el índice mundial de eficiencia, todo gracias al “machine learning” y a la sistematización de las estadísticas históricas de comportamiento laboral que día a día se ingresaban y procesaban en el gigantesco Computador Central de la Junta Mundial.

Ni siquiera el azar de una muerte daba esperanzas a Ander de poder alterar su predefinida vida, ya que las estadísticas del comportamiento poblacional del mundo, prácticamente invariable como todo lo demás durante más de mil años, permitían predecir con mucha certeza incluso las vacantes producidas por muertes prematuras, ya sea por accidentes, causas naturales, o una de las nuevas enfermedades que aparecían cada cierto tiempo, también, cumpliendo patrones ya conocidos.

Los más afortunados, podían decidir entre docenas de programas académicos (entiéndase vidas) que encajaran en más del 85% con sus perfiles, pero Ander solo tuvo 2 opciones no muy emocionantes y no era posible esperar a que aparecieran más, por lo que una moneda decidió su suerte.

Así que Ander se contentaba con mirar por la ventana y acumular problemas intrascendentes sin solución, porque si tuvieran solución no serían problemas y si fueran trascendentes ya hacía mucho que los habrían solucionado, en un mundo en el que se había casi olvidado la última vez que algo nuevo cambió de manera radical la vida de las personas y no se conocían aquellos “game changers” o “innovaciones disruptivas”, como les decían en libros que parecían más de mitos y leyendas que de historia. No había sorpresas, todo estaba predeterminado y las empresas y las personas se dedicaban a mejorar paulatinamente lo que ya parecía que desde siempre había existido, sacar el siguiente medio de comunicación, el siguiente computador personal, la siguiente batería, el siguiente medio de transporte, la siguiente medicina, el siguiente procesador, la siguiente actualización, la siguiente aplicación, el siguiente dispositivo que cumple la misma función, el siguiente sabor… cada vez un poco mejor que el anterior, justo lo suficiente para mantener la economía circulando.

Pero Ander no tendría que contentarse con la ventana por mucho más tiempo, porque justo en el momento en el que buscaba el archivo “problemas” para anotar los dos nuevos puntos en su lista, una nueva vacante aparecía en el Computador Central de la Junta Mundial como resultado de un “script silencioso”, un fragmento de código enterrado en la unidad de procesamiento por alguien ya olvidado y que ahora se activaba por una sucesión específica de hechos ocurridos en las últimas cargas de información; y esa nueva vacante coincidía en un 100% con el perfil de Ander y con nadie más en el mundo.

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